Irónicamente Argentina dejará de exportar carne y trigo el año que viene, y algunos pronósticos indican que podría importar estas materias primas para abastecer su mercado interno. Aquí algunas consideraciones de porqué el país dejó de ser “el granero del mundo”.
La producción ganadera y agrícola dejó de ser rentable en el país, según lo que advierten los productores de ambos sectores. Esta es la clave por la que estos productos emblemáticos de dejarán de llegar al mundo desde Argentina.

La cuenta regresiva para el granero del mundo
“Hay serias dudas de que vayamos a tener saldo exportable (de trigo)”, dijo refiriéndose a 2010 el director del Centro de Exportadores de Cereales, Alberto Rodríguez.
“Con una baja superficie sembrada, una fuerte sequía y poca inversión tecnológica por la incertidumbre, el resultado lógico va a ser exportación cero”, vaticinó.
Lamentablemente estos pronósticos desalentadores de Rodríguez no son los únicos. A este panorama oscuro se adhiere Hugo Biolcatti, presidente de la Sociedad Rural Argentina, quien afirmó que la producción actual de carne no alcanzará a cubrir ni siquiera el mercado interno, estimado en unos 70 kilos de carne anuales por persona.
Un desencadenante de esta situación en la que la producción agropecuaria dejó de ser rentable es la mala relación que mantienen los productores con el Gobierno nacional.
Las cámaras que nuclean a los sectores productivos señalan que si el Gobierno no hubiera intervenido en el mercado del trigo y la carne, cada una de estas áreas del país se habría dedicado a hacer intensamente lo que le corresponde.
Los ruralistas culpan a la gestión de Cristina Fernández y a la anterior de su marido, Néstor Kirchner, de haber perjudicado la producción agrícola a través de la imposición de aranceles a la exportación -o “retenciones”- cuyo aumento llevó al comienzo del conflicto con el campo, el año pasado.
Según los productores, la intervención del Estado en el mercado agropecuario a través de las restricciones a la exportación y la fijación de precios para el mercado interno hacen que algunos de sus productos, como el trigo y la carne, se estén produciendo “a pérdida”.
Por su parte, el gobierno sostiene que sus medidas apuntan a garantizar un precio interno que haga accesibles los alimentos a toda la población, además de defender las “retenciones” como parte de su política de redistribución de la riqueza.
“Sojización”
Las autoridades han acusado a los ruralistas de favorecer el cultivo de la soja por sobre otros productos, debido a la alta demanda de la oleaginosa en el exterior.
A pesar de que la soja ocupa la mitad de la superficie sembrada de Argentina, casi no se consume en el país y su producción está dedicada esencialmente a la exportación.
Para el analista Martín Navarro, de la consultora agropecuaria MN, la “sojización” del campo argentino es un fenómeno que ha sido impulsado indirectamente por las propias políticas gubernamentales.
“Si el gobierno no hubiera intervenido el mercado del trigo y de la carne, cada área productiva del país se habría dedicado a hacer intensamente lo que le corresponde y no hubiese reemplazado cultivos, porque no le dan los números”, afirmó Navarro a BBC Mundo.
Para el experto, Argentina históricamente producía todo tipo de cultivos, pudiendo exportar sin desabastecer el mercado interno.
En su opinión, el gobierno debería liberar el mercado agropecuario y cobrar los impuestos sobre el volumen de lo exportado, usando esa recaudación para subsidiar a quienes más lo necesitan.
Sequía
Además de los problemas políticos, otro de los motivos que amenazan el futuro de uno de los principales exportadores agropecuarios del mundo es el clima.
Este año, Argentina ha sufrido una de las peores sequías en más de 70 años, debiendo declarar el estado de emergencia agropecuario a comienzos de 2009.
Se estima que el fenómeno generó la caída del 45% de las exportaciones agropecuarias.
Y los meteorólogos advierten que las lluvias que cayeron en los últimos días no serán suficientes para impulsar las perspectivas de siembra para el año próximo